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martes, 17 de febrero de 2015

I couldn't believe my eyes when

Hoy, queridos amigos, toca otra historia corta.

La pongo aquí, porque es realmente especial.
Cuando estaba preparando el FCE, durante el año pasado, tuvimos que escribir dos historias que empezasen por la frase "I couldn´t believe my eyes when", que significa algo así como "no podía creer lo que veían mis ojos cuando..."



Una de las dos, la verdad, me salió genial, y mis profesoras me animaron a continuar escribiendo cosas, y a seguir siendo creativo.
Ahora, un año más tarde, sigo su consejo, y este blog es prueba de ello.

Las historias que escribí desde entonces, sin embargo, nunca significarán tanto para mi como este ejercicio de práctica para un examen.
Fue la primera vez que alguien leía algo escrito por mi, aún encima en una lengua que no es la mía, y se me decía que podía transmitir muchas cosas escribiendo.











Me emociono al recordar el orgullo que sentí entonces. Y me emociono al releer la pequeña historia, al ver que de cierta manera, para mí significó un antes y un después de muchas cosas.
 
Por lo que representa, y también por lo que cuenta la historia. Porque tenemos que vivir lo que tenemos, valorar lo que hemos conseguido, y disfrutar cada segundo.
Porque lo único seguro es lo que podemos hacer para bebernos hasta la última gota de hoy. El vaso de ayer ya lo hemos bebido, y mañana no sabemos si nos lo llenarán
Y porque nada es imposible, salvo que pensemos que lo es.

Como digo, solo estaba preparando un examen de nivel básico de inglés, con lo que la redacción no puede ser muy compleja. Que no váis a leer a Shakespeare, vamos.

Si lo vuestro no es la lengua de la pérfida Albión, pondré la traducción aproximada a continuación de la historia, aunque me temo que traducido, el texto perderá gran parte de su magia, y parecerá aún más simple.

Vamos con ella.


"I couldn´t believe my eyes when I reached the top of the mountain.

The view was unbelievable.



Thousands of beeches, pines and maples covered everything I could see, and even beyond the horizon.
The light of the sunset painted that amazing landscape with warm colours.
A bald eagle was looking for its dinner hundreds of yards below me.



I thought of taking a picture, but there wasn´t a better picture than the one my mind was taking at that moment.

I breathed deeply, and I remembered Robert, my best friend. He would have loved to be there with me, because climbing that mountain had always been his dream.
When he died, I promised myself that I´d climb it.
I owed that to him, because of all the things we said we´d do and we didn´t.




Tears were running down my cheeks while I was initiating the descent"


TRADUCCIÓN:

"No podía creer lo que veían mis ojos cuando llegué la cima de la montaña.
La vista era increible.

Miles de hayas, pinos y arces cubrian todo lo que se podía alcanzar con la vista, e incluso más allá del horizonte.
La luz de la puesta de sol, pintaba aquel espectacular paisaje con colores cálidos.
Un águila calva estaba buscando su cena cientos de yardas por debajo de mi.

Pensé en hacer una foto, pero no había mejor foto que la mi mente estaba haciendo en ese momento.

Respiré profundamente, y recordé a Robert, mi mejor amigo. Le habría encantado estar allí conmigo, porque escalar aquella montaña siempre había sido su sueño.
Cuando murió, me prometi a mi mismo que la escalaría.
Se lo debía, por todas las cosas que dijimos que haríamos y que no hicimos.

Las lágrimas corrían por mis mejillas mientras iniciaba el descenso"


Espero que os haya gustado. Mañana, más blog, y más habitual. Alguna recomendación caerá.

P.D. Si queréis un lugar para aprender inglés en A Coruña, buscad Tea Time Idiomas. Es mucho más que una simple academia, y no es a mi al único alumno al que han conseguido motivar para hacer cosas realmente increibles.

jueves, 12 de febrero de 2015

ALGO INESPERADO

La lluvia golpea en los cristales con fuerza.

La mujer no deja de dar vueltas en la cama, no sabe si tiene calor o frío. 
Si necesita más ropa o desnudarse por completo. Sólo sabe que siente un enorme desasosiego, como si la estuviesen observando. Como si hubiese alguien más en la habitación. 
Suena una campanada en el reloj de la cercana iglesia, y la mujer se incorpora dando un respingo. 
Después suena otra, y otra más. Tres en total. 

 Vaya susto más tonto, piensa. 
Su perro se acerca. Tampoco él duerme. También está intranquilo. Ambos sienten que algo extraño va a suceder, algo fuera de lo común, y a estas horas de la madrugada, en una noche sin luna, lo extraño asusta. Las cosas fuera de lo común erizan el vello y nublan la conciencia. 
Eso, y la falta de sueño, por supuesto. 
La mujer aún no se ha acostumbrado a su nueva cama. Un colchón más duro. Mejor para la espalda, decían. Para descansar mejor, decían. 
Pues en los tres días desde que su flamante colchón se hacía cargo de su descanso, maldito si había dormido mucho. Pero ninguna noche como ésta. Nunca antes esa horrible sensación de espera ante no sabía muy bien qué. 
La certeza de algo inesperado a punto de suceder. 
De pronto, el crujido de una puerta. Y un paso, y luego otro. ¿Sugestión? Otra mala pasada de su mente, seguro. 
Pero no, esta vez no. 
El perro gruñe. Alguien se acerca. Y algo cae en el pasillo. Un ruído de mil demonios. ¿Un cuadro? ¿Una maceta? ¿Una figurita? 
No sabe que es, pero en un momento de lucidez, piensa en el vecino de abajo, insoportable como siempre, maldiciendo porque lo hubiesen despertado con semejante estruendo. 
Y a pesar del miedo que la atenaza, no puede evitar sonreír. 
No se que horror me espera tras esa puerta, se dice, pero al menos, no me fastidiará solo a mi. 
Los pasos se detienen. El perro gruñe más. Pero no ladra. Solo un gruñido gutural desde lo más profundo de sus entrañas. El mismo gruñido que a ella le gustaría hacer para asustar a este posible asesino, o monstruo, o lo que coño sea. 
Pero solo puede confiar en que el gruñido de su fiel amigo sea suficiente. 

Abre la puerta, por Dios, piensa. El corazón le late en las sienes con tanta fuerza, que le cuesta oir sus propios pensamientos. 
Y entonces, su deseo se cumple. La puerta se abre. El perro retrocede, pero deja de gruñir. Y un olor extraño inunda la habitación.
La mujer enciende la luz. Y lo ve. ¿Que hace este gilipollas aquí? ¿No salía hoy con sus amigos y se iba a dormir a casa de su madre? 
El gilipollas, o sea, su novio, no parece entender nada. Parece estar en otro mundo. 
Maldito tarado, le grita. Y aún encima, borracho como una cuba. Lo que me faltaba. ¿Sabes que hora es? ¿No sabes que mañana trabajo? ¿Tienes idea del susto que me has dado? 
Y su novio se acerca a ella, con una expresión extraña. Quiere que lo abrace, como siempre que se emborracha. ¿Como es posible que siempre sea yo la que tengo que consolarlo cuando el solito se busca los problemas? 
Pero aún así, abre sus brazos, y siente como el extraño olor se hace más fuerte. Y vuelve a sentir miedo. Un miedo que surge de lo más profundo de su ser. Un miedo ancestral. 
Lo último que recordaría ver antes de que su novio, o lo que fuese aquello, le hincase los colmillos en la carótida, fue a su perro saliendo por la puerta con el rabo entre las piernas. 
Después, todo oscuridad.
 Efectivamente, algo inesperado había sucedido.


 Hugo Bermúdez Rilo, A Coruña. 22/01/2015